En un colectivo con historia larga, las decisiones no desaparecen: se entierran. Quedan en actas que nadie relee, en estatutos que ya no describen lo que hacéis y en acuerdos que siguen produciendo efectos sin que nadie sepa de dónde vienen. Antes de rediseñar cómo decidís, conviene saber qué habéis decidido.